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  • Carlos Augusto Albán Vela

Somos realidad, no virtualidad

Vivo con mis virtudes y mis defectos, con mis actos de bondad y mis instintos animales, soy un ser humano que debo asumir mi ser en su aciertos y defectos.

Creo que se debe hablar del bienestar como una de las condiciones para hacer de nuestro paso por este planeta una mejor oportunidad para disfrutar, pero debemos ser conscientes que las oportunidades de encontrar el bienestar están en la vida y no en las redes, que si nos llegan recomendaciones por las redes sociales, asumamos con una mirada crítica la posibilidad de aplicarlas o descartarlas, pero no caigamos en la frustración de creer que el modelo de perfección que nos anuncian, se nos vuelve un propósito que a veces resulta inalcanzable.


Si, escribí frustración, pues, aunque estoy plenamente convencido que las personas podemos ser mejores seres humanos, la avalancha de los mensajes positivos niegan en mucho la condición humana de encontrarnos con aspectos positivos y negativos, con las sombras, que habitan en cada uno de nosotros, como decía Carl Gustav Jung. Lo que quiero es invitar a las personas a vivir, a tratar de ser mejores, pero a vivir con su esencia, con sus virtudes y defectos.


Recientemente una amiga me hacía una interesante analogía con mi signo zodiacal “si usted nació león, viva como león, pero sepa las virtudes que tiene ser león y los defectos que también trae, conózcase por dentro y sepa en qué momentos debe mostrar toda la melena y cuando guardar la cola". Lo que no podemos es negarnos a saber lo que somos y lo que hemos vivido.


El otro día hable con un joven quien se ganó mi aprecio y me decía que tenía unos dones que le permitían tener premoniciones, pero que él no quería eso y “se las quería devolver a Dios", pues él no había pedido que se las dieran. Le dije que también le tocaría devolver el nombre, los padres, su condición social, su nacionalidad, pues eso tampoco lo había pedido.


Aceptémonos, trabajemos por ser mejores, sabiendo que eso nos va a producir bienestar a nosotros y a quienes nos rodean. Pero no mantengamos la ilusión que la felicidad es permanente o que sacar nuestros instintos nos vuelve indignos, sencillamente somos realidad, no virtualidad.


Mientras tanto vivo.