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  • Carlos Augusto Albán Vela

Se vive donde se está.

24 diciembre. Hoy estuve sentado a la mesa de navidad con australianos, unos nacieron en este país, otros llegaron y adquirieron su nacionalidad, otros son segunda o tercera generación en Australia. Su celebración es una mezcla de sus tradiciones nacionales con las que ofrece este país.


El 25 de diciembre las familias nativas, despiertan, desayunan, reparten regalos y hacen un gran almuerzo de navidad o mejor de pascua. En este hogar, se escucharon canciones en inglés alusivas a la navidad, no necesariamente villancicos, en la mesa había una amplia variedad de comida, especialmente de productos del mar, pero al caer la noche, esto empezó a las 4 de la tarde, se sirvió el plato principal: pavo, cerdo, torta de chocolate y una de coco, cuya receta secreta provenía de Chipre.

Había dos opciones añorar los villancicos colombianos, en español que he escuchado toda mi vida, saborear en mi imaginación el manjar blanco, plato dulce típico de estas épocas y buscar los fantasmas de la ausencia, la otra opción que fue la que adopte fue: practicar inglés, disfrutar de los exóticos sabores que me brindaban, aprender de una tradición donde las personas sacan una sorpresa de una caja de papel y la compartían, ver que las niñas se visten con una pijama para recibir la navidad y que a pesar de que los australianos celebran al otro día la navidad, en este hogar se entregan los regalos a la media noche, como parte de su tradición latinoamericana.



No busqué lo que faltaba, encontré lo que quería aprender y conocer, podia ser la única oportunidad que tengo de vivir esta experiencia, después seguramente volveré a repetir la misma celebración de cada año en mi país y si la añoraba ahora, era como si la estuviera viviendo y me perdería la oportunidad de ese momento.

Situaciones similares he escuchado de personas que lamentan vivir su cumpleaños lejos de su país y no son conscientes de lo afortunados que son de tener nuevos espacios, nuevas personas, nuevas dificultades incluso, que le permiten estar vivo y aprendiendo.

No añorar no significa no tener gratitud con lo que se ha tenido: la familia, la tierra donde se creció, los amigos, en fin, esto no significa estar en el presente, sin tener temor a comparar o a recordar, pero debe ser un instante y no en todo del momento. Se vive donde se está.

Feliz navidad, son las 11 y 58 p.m. del 24 de diciembre, dejé mi teléfono móvil en la mesa de la navidad del hogar donde fui invitado y pensé que podía hacer algo diferente: escribir y aprovechar para darle las gracias a mi “niño dios”, al Santa Claus, a los Reyes magos, por darme este regalo de disfrutar de mi compañía, después de haber disfrutado parte de la tarde y de la noche con mi sobrina y su familia australiana, mientras tanto vivo.

Mery Christmas