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  • Carlos Augusto Albán Vela

Estar lejos, puede ser una oportunidad para acercarnos

La distancia física es real y a veces cuesta asumirla. ¿Qué tan lejos estoy de qué y de quién? ¿Cuál es el referente que mide la distancia?, son preguntas que los invito no solo a hacerla sino a tratar de darles una respuesta. Esta es la mía.

Comprendí que todo está cerca, que no hay que añorar las ausencias, cuando llevamos lo que amamos en el corazón, un órgano tan inmenso que en él cabe todo.

Hoy estamos tan lejanos y cercanos. Con nuestros vecinos seguramente pasó mucho tiempo para verlos de nuevo, en mi caso tenía amigos de ventana, como Víctor y su esposa, a quienes saludaba desde la calle; cuando pasaba por su casa, pues no era permitido un acercamiento social. Asimismo, hay seres queridos que han pasado las fronteras y no sabemos si el vuelo del encuentro será autorizado.

Podríamos decir que con las nuevas tecnologías todo es menos distante, pero el contacto físico está aún muy ausente, es lo que hay, vivamos esta experiencia con la oportunidad que nos da la vida. Se trata de asumir nuestro presente sin tanto lamento por no estar juntos.

Inventemos formas de encontrarnos y esa sensación de contacto, reemplacémosla con palabras llenas de poesía, dedicando canciones, jugando en la distancia. Si hay una luna que también saldrá donde están los lejanos, a metros, kilómetros o millas, en la noche pon una hora de encuentro cuando los dos, los cinco o los diez puedan verla y dimensionen lo que significa ver al mismo tiempo un acontecimiento real, no virtual.

Estar lejos, puede ser una oportunidad para acercarnos. Sabes dónde está el amigo más lejano que tengas, en distancia o en tiempo, ponte a la tarea de buscarlo y me cuentas cómo te va. Yo no creo que haya que reinventarse, lo que creo es que mientras todo esto ocurre, hay que vivir de manera tranquila, aceptando y aprendiendo.

Conozco de gente que salió de su patria y nunca llegó a su destino, ya que todo el tiempo en las nuevas tierras, comparaba los sitios con los de su patria, los sabores, los olores, los comportamientos de la gente, entre otros aspectos que le hicieron perder la aventura de descubrir un nuevo lugar; no permitamos que nos pase lo mismo pensando en cómo era la vida antes de que llegara la pandemia.

Descubrámonos y descubramos no solo lo que somos, sino también a aquellas personas, situaciones y emociones que por tiempo u oportunidad no nos permitimos conocer.



Vivamos la aventura de ser testigos de una situación que marcará la historia de la humanidad y en la que nosotros somos protagonistas, en este escenario y en este momento. No me dirán que no han pensado que esto es una película.

Sucede que cuando nos sentimos bien en medio de esta difícil situación, solos, tranquilos, trabajando en casa, sin el estrés del tráfico y la contaminación y con el mercado llegando a la puerta, hablo en condiciones ideales, aparezca un sentimiento de culpa, como si no fuera permitido tener control de las situaciones y encontrar paz.

Entonces empieza la mente a jugarnos una mala pasada y podríamos creer que no actuamos bien, como si fuera pérdida de afecto por los que siguen angustiados o de falta de solidaridad con quienes han sido víctimas de una u otra manera en esta etapa de la pandemia.

Lo cierto es que en estos momentos hay cientos de situaciones que no podemos mejorar, pero sí muchas que podemos apostar para que sean distintas en nuestro interior, que, sin ser egoístas, nos pueden generar una condición de bienestar, que incluso facilitaría la posibilidad de poder ayudar a los demás.

Pero si todo está en el corazón como decía al comienzo, apoyémoslo con el afecto y el buen recuerdo. Pongamos nuestras manos a su lado y oremos por los seres que están lejos, busquemos en la meditación un espacio de reposo para nuestra mente y una conexión con quienes no nos acompañan, contemplemos el lugar donde estamos y agradezcamos por estar aquí.

Los budistas practican el Tonglen, tomar y dar. Tomas el dolor y sufrimiento de todos los seres al inhalar y al exhalar les envías todos tus méritos, felicidad y paz.

La distancia física es mental, en cambio la distancia emocional, usted decide qué tanto la mide, qué tan lejos o qué tan cerca la quiere asumir y cómo cree que debe vivirla. Mientras tanto vivo.